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De cada diez mujeres embarazadas, tres rozan los cuarenta
años. ¿Por qué? ¿Será que nuestra vida profesional es cada
vez más complicada y nos cuesta horrores encontrar el
momento para resolver noches en vela y deberes
escolares? ¿O qué tardamos más tiempo en afianzar nuestras
relaciones sentimentales?
Marta Robles, madre de tres hijos
y periodista todoterreno, ha decidido enfrentarse a
preguntas como éstas en un libro intenso y divertido:
Diario de una cuarentona embarazada
o cómo adentrarse en la vertiginosa vida de una mujer (que
puedes ser tú) a punto de convertirse en madre madura y
feliz.
Mucha gente pensará que éste es un libro
autobiográfico: la
protagonista ya tiene un hijo cuando, con 40 años,
vuelve a quedarse
embarazada, igual que te pasó a ti.
¡Es que tiene mucho que ver conmigo! y con lo que me
contaban mis amigas cuarentonas embarazadas.
Este
libro tiene un origen curioso: cuando estaba embarazada de
mi tercer hijo (yo tenía 43 años), y nadie lo sabía
todavía, quedé a comer con mi amiga Carmen Posadas y se lo
conté.
Nos
reímos mucho desmitificando el embarazo (algo que, por
cierto, las mujeres hacemos poquísimo) y cuando le dije:
"¿Sabes que he empezado a escribir sobre esto? Es que estoy
muy agobiada..." me soltó: "¡Ah, pues mándamelo!" Le envié
las 20 páginas que ya tenía escritas y me animó: "Esto
tiene que convertirse en un libro. ¿Tú sabes a la cantidad
de mujeres que podrías ayudar?" Así empezó todo.
¿Produce vértigo tener un hijo pasados los cuarenta?
Muchísimo, porque uno quiere estar con su hijo toda la vida
pero, claro, también te haces mayor, te cansas más, tienes
menos paciencia... Por eso me parece tan importante
mantener el espíritu y la apariencia joven. Por ejemplo, a
mi hijo Miguel no le gusta que mi marido se ponga gafas
para leer. Se enfada. Debe ser que no
quiere tener un padre
añoso (risas).
Y el proceso de mentalización ¿qué
tal?
Si decides ser madre a esa edad, suele estar todo muy bien
pensado. Cuando nació Ramón, mi primer hijo, estaba convencida
de que no iba a tener más niños ¡figúrate! Entonces tenía
32 años, trabajaba siete días de siete, con un programa en
la SER (A vivir que son dos días) y otro en Antena 3
(A toda página), y no me preocupaba de nada más.
Los nueve meses pasaron sin problemas. Con los dos últimos
embarazos fui más estricta: controlaba la alimentación,
vigilaba el colesterol, el azúcar... pero la ilusión era
idéntica.
Cada vez son más las mujeres maduras que se quedan
embarazadas ¿cómo lo
interpretas?
La maternidad se retrasa cada vez más porque nuestra vida
laboral es muy complicada, tienes que atender catorce
frentes a la vez y, si lo piensas mucho, nunca te viene
bien. Antes de ser madre quieres viajar, disfrutar de más
libertad, subir escalones en tu trabajo... El problema
viene cuando te das cuenta que el tiempo ha pasado por tu
culpa.
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